DEL CONFLICTO III: EL DESCONOCIMIENTO

 



 


 

Si se pudiera llamar “técnica” aquello que configura lo que algunos llaman el “dispositivo psicoanalítico” (un sujeto que cree desconocer las causas de lo que le molesta se encuentra con otro sujeto al que atribuye un saber, el psicoanalista) podríamos afirmar que esa “técnica” no es otra que el acto de escuchar desde el “no saber”.  Como todo encuentro, entonces, lo que se propicia es el equívoco, la suposición: quien todo lo sabe, pero lo niega, se presenta ante quien nada sabe pero lo esconde.  La puesta en acto de un decir sin preparación por parte de quien se analiza se espera por parte de quien nada sabe acerca de quien lo hace.  Una versión moderna quizás de la llamada docta ignorancia.  Psicoanalista advertido es quien sabe que no sabe, es decir, quien oye desde el desconocimiento.  Se las tiene que liar con lo que ha leído, con lo que ha escuchado, con lo que ha estudiado de tal modo que ese saber desaparezca al momento de escuchar.  Y la advertencia cuenta como profilaxis obligatoria para impedir que el psicoanálisis surta el mercado de la prédica laica y demás baratijas populares.

“La sociedad del desconocimiento” (Penguin Random House Grupo Editorial Argentina, 2022) del filósofo vasco Daniel Innerarity tiene que suscitar entonces nuestro interés tanto por lo ya expuesto en el párrafo anterior como por el hecho de que este autor sitúa el desconocimiento como “objeto” de su ensayo.  Siempre las dedicatorias dicen de algún modo, unas veces preciso, otras menos, más de la intención del autor que del contenido, pero en este caso, las dos cosas coexisten a la vez en la dedicatoria: “Para Marta, Pablo y Elena, que llegaron los últimos y no fueron preparados para el mundo en el que habrán de vivir, lo que me produce más envidia que otra cosa.”

Podemos inferir que el libro está dedicado, pues, a sujetos recién instalados en un mundo para el que no fueron preparados: mas, ¿por qué la envidia?

La respuesta tiene que ver con el hecho de que Innerarity sitúa el desconocimiento en el campo de una contradicción contemporánea, esencial.  Titulando su introducción con un BIENVENIDOS A LA SOCIEDAD DEL DESCONOCIMIENTO, el autor la comienza así: “Nunca el conocimiento había sido tan importante y a la vez tan sospechoso; nunca lo habíamos necesitado tanto y desconfiado al mismo tiempo de él; nunca habíamos depositado tantas esperanzas en el conocimiento como solución mientras se convertía él mismo en un problema. La ciencia es fuente de la máxima autoridad y siempre controvertida. Los expertos son para unos la tabla de salvación y para otros los destinatarios de todas las iras. Mientras hay quien espera que el conocimiento nos saque del error y la ignorancia, hay también quien teme que nos esté conduciendo a los peores desatinos.”

Es un hecho que, según el autor, no entenderemos nada de la sociedad en la que estamos viviendo si “no damos una explicación adecuada de este extraño antagonismo”.  Es por este motivo que incluyo el tema de “el desconocimiento” como un aspecto fundamental dentro del más amplio, el del conflicto.  Porque se trata de algo más que una puesta en estudio de la racionalidad con respecto de su contrario, la ignorancia, sino que estamos frente a una realidad mucho más compleja y rica en posibilidades: la de una racionalidad que se resiste a ser considerada exclusivamente en relación con su negación.  Innerarity nos invita a asumir el asunto como destinado a dar continuidad al deseo de conocernos a nosotros mismos avanzando más allá de considerar que la incredulidad frente al conocimiento sea simplemente oposición al proceso civilizatorio. 

Como siempre, el avance del conocimiento nos hace, a la vez, más sabios y más ignorantes. No hay descubrimiento científico o invención tecnológica que no lleve apareado, como su sombra, un nuevo desconocimiento. *Qué hagamos con lo desconocido va a jugar un papel cada vez más importante en nuestra vida personal y colectiva*.”

Entonces descubrimos posible una concepción de lo que ocurre lejana de la que sataniza lo nuevo, por ejemplo, la tecnología de la información, para convenir que el predominio de la credulidad sobre el saber procede de una *desregularización* de la información cada vez menos sujeta a la censura, a un cierto paternalismo benevolente y a los controles informativos.  Este mercado desregulado favorece la credulidad porque no plantea ningún límite a los mecanismos más intuitivos de nuestro espíritu: estereotipos, sesgos, agitación adictiva, atención dispersa, automatismos mentales… *Cuando hay una saturación de información que nos distrae y obliga a decidir rápidamente, es más fácil aceptar las ideas falsas, pero también que nos rindamos a nuestra espontaneidad mental como si fuera algo indiscutible*”

Innerarity señalará con precisión que esta moderna expresión de la tribulación humana *presta un servicio inconmensurable a la atenuación de la angustia pues ¿qué si no es verdad que saberme miembro no inscrito pero activo de alguna de las tantas teorías conspirativa me instala en esa forma de defensa contra el miedo y que consiste en anhelar para sí la pertenencia a una idea que vincula populismo y tecnocracia de modos diversos?*  La pertenencia no exige carné alguno, basta simplemente reconocerme inscrito en fáciles conclusiones extraídas del miedo o del odio para considerarme situado en el camino correcto.

Reconocer qué no se sabe en un medio en el que pululan los “saberes” (fake news, bulos, memes, etc.) ya es comenzar a tomar distancia y alivio, condiciones necesarias para incorporarnos en el arte del pensamiento crítico siempre necesitado de las dosis adecuadas de temperancia y escepticismo. Con los epicureístas hemos aprendido que todo placer peligra si se practica el exceso y con las filosofías de la sospecha hemos encontrado posibilidades propias al desarrollo del conocimiento.

Para finalizar, este cuadro que estoy seguro invitará a más de una persona a interesarse por el estudio de este libro:

“*El conocimiento está vinculado a la confianza en la misma medida en la que disminuye la posibilidad de comprobación personal. Con el incremento del conocimiento aumenta la dependencia de otros. Cuanto más sabemos colectivamente, menos autosuficientes somos individualmente*. Los experimentos científicos, por ejemplo, son en principio repetibles por cualquiera, pero sólo en principio. Los legos nos vemos obligados a depositar nuestra confianza en los científicos, lo que a veces no es razonable o no es posible, como cuando la comunidad científica hace públicos sus desacuerdos y no sabemos a quién creer. Ha avanzado más la ciencia que su comprensión por la gente y mientras haya ese desfase nos encontraremos con una resistencia que no es tan irracional como aseguran sus críticos. Buena parte de nuestra desorientación se debe precisamente a que no hemos encontrado la medida justa de credulidad y desconfianza, a que oscilemos entre una ingenuidad desmedida y un descontrol de nuestras capacidades críticas.*

(las citas las he tomado de la Introducción del libro y las negrillas me pertenecen)

 

 

 

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