DEL CONFLICTO II: EL ASOMBRO
¿Iluminación? Es lo que logramos cuando pasamos de alumnos
(sin luz) a estudiantes, que es el término general para pensarnos
investigadores, cuestionadores, pensadores, etc. No olvido un mensaje que se
subió en un chat de cardio-humanistas: en la juventud llevamos la llama en
los ojos, en la vejez la luz.
Nos
asombramos, particularmente en Colombia, de continuar con vida. Pero cargamos demasiado al país con esa
declaración como si la muerte enviada por el hambre, la guerra o la sevicia
fuera tenebrosa realidad exclusiva de este país. Sin embargo este asombro legitima la
autorización que nos damos a evocar aquellos asombros que hicieron de nosotros
lo que somos y aquello que no fuimos.
Por ejemplo, el descubrimiento del sonido primero y luego de la articulación
con las primeras letras. Tal vez sea muy
difícil para nosotros recordar el júbilo que nos produjo la vez que nos
reconocimos distintos de los demás. Lo
que los psicoanalistas llamamos el estadio del espejo no es propiamente popular
recuerdo compartido por muchos. Lo cual
quiere decir que es muy probable que la amnesia sea condición sin la cual no
sería posible hacernos a un yo. Pero
haberlo logrado nos permitió asombrarnos con esa cosa que veíamos por todas
partes: en el periódico que llegaba a casa, en los paseos familiares observando
avisos publicitarios, etc.
Karl
Jaspers, ese médico psicólogo y filósofo que introdujo la necesidad de
averiguar la historia personal de los pacientes enfermos mentales, aseguraba
que esa era la primera actividad filosófica del ser humano. Al asombrarnos sabiendo pronunciar el sonido
de una letra que no fuera vocal, es decir, el salir de las sombras y como un
divertimento carente de pensamiento y tendiente al mero gozo, nos satisficimos
en el instante mismo en que nos separábamos de la dependencia absoluta de la
madre.
Solución
simbólica a un conflicto inherente a nuestra condición de seres para la muerte
pues cómo si no como muerte vivíamos ese trance de separación radical con
respecto de aquella vida en la que bastaba nuestro llanto para ser satisfechas
nuestras necesidades básicas y también nuestros deseos de afecto.
Ramón y
Cajal aseguraba que en su vida se mantuvo siempre en asombro tanto con respecto
de las ideas precientíficas como de las científicas. Un humanista, un hombre culto. Sin su concurso y el de su escuela el
conocimiento de las sinapsis (presentido, sin microscopía, por Freud en sus
investigaciones prepsicoanalíticas) jamás habría auxiliado a un Sherrington y a
tantos otros que pudieron descubrirlas y ofrecerlas al conocimiento, asombrado,
de los demás. Una forma de Ilustración
que se apartaba un poco de la dogmática que hacía del conocimiento oportunidad
para desmarcarse de todo lo espiritual con las asombrosas y trágicas
consecuencias que ello ha tenido en la historia de la humanidad.
Hoy nos
asombramos con estos descubrimientos pero escamoteamos algo más asombroso aun:
porqué, a pesar de todo, triunfa la religión en nuestros días y el
fundamentalismo musulmán pareciera haberse convertido en modelo a seguir por
religiones del libro como la judía y la cristiana. Volvemos a escuchar los cantos de alabanza al
ejercicio de la persecución y la ordalía en contra de ideas divergentes de las
que se postulan candidatas no al retorno de los brujos sino de los
inquisidores. Y esto ¿a cuántos de
nosotros asombra?
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